Internet: el playground de la soledad, donde no entra la solitude.

Había una vez una invención genial, descentralizada y revolucionaria, llamada Internet. Cualquier persona con acceso a un ordenador conectado tenía al alcance de la mano la posibilidad de compartir, proponer y intercambiar información, perspectivas y generar sinergías, empoderamiento colectivo y ampliar horizontes.

Este reino de magia tenía también su lado negativo. Y este era el potenciar la mentira, la violencia, el miedo, a través de la invasión de los espacios, el comercio de la información y la desaparición de la privacidad. De repente un rastro imposible de borrar se había creado y las vidas humanas orgánicas se vieron empujadas a generar una vida digital correlativa y en este contexto titanes tecnológicos poderosos cobraron pseudo vida.

Hoy, martes 21 de noviembre de 2017, puedo decir sin lugar a duda que planteamientos como 1984 o Brave New World se han quedado obsoletos. Y MAD MAX viene de camino. Google ha cortado delicadamente y con precisión quirúrgica todos los hilos de las redes personales generadas por Internet. Ahora los seres humanos ya no exploran nuevos horizontes sino que se quedan anonadados en sus islas personales disfrutando del entretenimiento de una falsa sensación de conexión.

Perdidos en los entresijos del porno online, de los videos de youtube y su sugerente viaje pseudo lisérgico a un pasado fragmentado y confuso, una generación ve como a pesar de tener disponible una cantidad de información infinitamente superior a las generaciones anteriores, se encuentra casi totalmente sin acción ante todas estas posibles vías.

Mientras mis hijos se esconden debajo de la cama con mi teléfono móvil y lo usan de arriba abajo como un juguete inofensivo, mis abuelos ponen en el poder de las principales naciones a los más desafortunados líderes, simplemente porque estos han dado en el clavo de su confusión.

Todos los días lo bello aparece y desaparece en esta tormenta de sinapsis intercambiadas. Gotas que alimentan un extraño océano de experiencias digitales.

La inteligencia artificial ya está a las puertas. Mientras el valor de la vida humana se relativiza más y más.

Paraíso desechado

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Antes era el lenguaje despolitizado. Ahora es el lenguaje sobrepolitizado. Conceptos se han cristalizado en muletillas y así han perdido significado. Se dicen sin pensar y no se escuchan.

La lógica fragmentada maneja el ganado al matadero sin verjas.

Se le dijo a José que tuviera cuidado con los huevos y José rompió los huevos cuidadosamente

Siempre me he preguntado cómo la humanidad dejó que sucediera la segunda guerra mundial, ahora ya lo sé. Por confusión. Lo que nos hace ir en contra de nosotros mismos no es tan siquiera la maldad, es la confusión. No ser capaz de ver algo integralmente.

¿Y cuál es la fuerza que hace añicos en la proyección de la realidad?

El miedo.

Por miedo de amar y ser amados estamos ahogando los bebés en la bañeras del planeta.

Nunca hemos salido del paraíso. Le hemos nombrado infierno y damos las espaldas a la prosperidad porque es demasiado buena para ser verdad.

Laurel del mérito

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Están el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo, del cerebro. Está el flujo de coches en una mañana laboral. Están los camiones mal aparcados, descargando víveres. Enjambres de personas discurren disciplinariamente a sus destinos.

Una hoja, impulsada por el viento, flota anónima en la avenida.

El pitido del semáforo. La pausa del almuerzo. Los aviones que esperan pacientemente. Elefantes en su cementerio. Inconscientes de su capacidad de volar.

Mis hermanos cuando pueden corren. Yo en gordo observándoles. Mis mamás están a  la intemperie. Junto con mis nietos.

Paremos todos en una estática orquesta de silencio. Hagamos un tótem de nuestra rebeldía. Seamos capaces de elevar nuestra mirada y adornar nuestra humanidad con el laurel del mérito.

Anti-oración de lo sombrío

Desvío la mirada y observo el cielo, los árboles y el avión al fondo. Ojalá se pudieran sintetizar sentimientos. Ojalá nunca se puedan. Las bombas están explotando y no es fácil encontrar un territorio desde donde asistir a lo que se desvela cerca de aquí. Para entender este fenómeno, habrá que investigar el desamor.

Algunos puntos de partida: la tristeza ante la violencia y la ignorancia inherente a dicha violencia.

La incomprensión ante tanta escasez en medio de tanta abundancia.

El inconformismo que impide coger un asiento en una de las polaridades ofrecidas por el inconsciente colectivo.

Por un instante quiere cruzar mis pensamientos el recuerdo de todos los pueblos olvidados. Alejo esta visión por respecto a estos mismos pueblos.

Vengo a compartir mi estupefacción. Sin estupefacientes. No hace falta. La vida en la sociedad de la información es un mal viaje de ácido, llevado por la orquesta de los medios, comandados por los poderes más inhumanos de nuestro tiempo.

Ahora mismo no encuentro más solución que desviar mi atención a las pequeñas inmensas alegrías del día a día. Me aferro a ellas como alguien que, al perder la visión, se aferra a los últimos dibujos que la luz le va dejando en las sinapsis.

Un terror mandibular ecoa entre las paredes opacas de mis pensamientos. Un vacío de perspectivas. Un silencio de los malos, de los que gritan. Todo son huesos que se chocan con gravillas. Todo son fríos que queman con rabia.

Dudo si debo describir este momento. Y como quién escribe una carta abierta a si mismo, asiento y dejo que se haga público esta anti-oración, que busca, en evidenciando lo sombrío, ser la puerta al agradecimiento.

La casa, el sol, los medios y los enteros

Hace unos días que no sé lo que pasa en los medios. En casa, el sol de la mañana llega perezoso y le acompañan flores primaverales. He intercambiado el generador de medias verdades por el silencio.

A veces me llega un atisbo de los sucesos de la semana. Lo dejo pasar como un bébado que quiere conversación pero no dice nada con sentido.

Me entristece la guerra. A lo mejor no soy humano, o de estos humanos de aquí. Porque me entristece sobremanera. No la relativizo. Me huele a sangre y humo. Es como si el mundo fuera mi libreta nueva que alguien insiste en manchar todos los días.

Así que me he distanciado de los medios pero no de la transmisión de los hechos de estos tiempos de ignorancia. Cambio los medios por los enteros. Y es un cambio y no una circunstancia. No hay vuelo si las alas no tocan al ultimo de la cola.

Aunque junto muy bien todos los trozos, el reflejo en este mosaico de espejos nunca me satisface.

 

Lo importante que es criar gallinas para entender la humanidad

¿Habéis tenido la oportunidad de criar gallinas alguna vez? Es increíble lo que se puede aprender a nivel social sobre la humanidad, creando gallinas. Espero que no se piense que es un comentario peyorativo hacía la humanidad por esta mala fama que tienen las gallinas de que son cobardes. Sobretodo espero que no se piense que es algo peyorativo hacía las gallinas por esta mala fama que tiene la humanidad de ser estúpida. Ambas apreciaciones me parecen incorrectas.

En lo que toca a las gallinas, decir que no son para nada animales cobardes, ya he visto como ponen a correr a gatos, ratones, pájaros que intentan comer su comida.

Y en cuanto a la humanidad tampoco. He tenido la oportunidad de convivir con diferentes grupos humanos y siempre me he encontrado con generosidad y valentía.

Ahora que ya hemos salvado la especie humana y la especie gallinácea, vamos a mirarlo un poco más de cerca… o de lado si quieres:

Tanto gallinas como humanos presentan buen aspecto… siempre y cuando las condiciones ambientales sean propicias. De allí que no podamos esperar nada de un gallinero donde 20 gallinas se amontonan en un espacio mínimo entre la suciedad de sus propios excrementos, teniendo que pelear por la comida cada vez que el granjero se aproxima, teniendo que proteger sus huevos para que otra gallina no los picotea antes de tener la oportunidad de ser mamá, etc , etc. Sin embargo de un gallinero limpio, donde hay comida y agua suficiente para todas las gallinas, donde cada una pueda poner sus huevos con las suficientes condiciones para estar bien mientras lo hacen, de este sí podemos esperar mucho. Basta observar el brillo del plumaje de sus gallinas para entender la diferencia.

Y los humanos … lo mismo pero más. Por lo que yo sepa, el espíritu humano es insondable y cada momento es nuevo. Eso me dice que no hay límites para la capacidad humana, siempre y cuando pueda ser ejercida, vivida. Y eso no es lo que está pasando ahora mismo.

Me gusta pensar que somos una sociedad mucho más avanzada que la de siglos anteriores, pero no estoy seguro. No abogo por la vuelta al pasado, pero tampoco me entusiasma mucho una sociedad global donde una minoría muy pequeña sobrevive a costas de una mayoría confundida. Eso dice mucho de esta minoría y efectivamente pone el listón muy bajo para toda la humanidad. ¿Será tan difícil absorber la idea de que como vive mi vecino marca el límite de mi propia calidad de vida?

Bueno, me he perdido en elucubraciones. Quisiera decir algo clarificador y objetivo. No me ha salido hoy. Queda aquí este fragmento de reflexión 😉

 

 

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