El miedo es una gota semicongelada en el intervalo entre dejarse caer o quedarse solidificada.

Es como si la sensibilidad se expresara en forma de agujas.

Un extraño despertador que consiste en picadas de avispas o peor aún, en la expectativa de recibir picadas de avispas.

El miedo hiela las articulaciones, paraliza los fluidos y seca la boca. Huele a urgencias y no combina con la luz del sol. El miedo es amigo del desarraigo.

Al mirar el miedo de frente, o de lado girando al frente, el miedo se desdobla. Como una hoja de papel tirada en la hoguera se retuerce mientras quema. 

El miedo pasa a ser el chiste de mirar como se cae un piano, aunque el piano se está cayendo en la cabeza de uno mismo.

Pasa a ser formas indescritíbles que se esconden en la penumbra, y que mirándolas bien, tienen algo de graciosas, de divertidas.

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