La vejez
Voy mareándome entre volutas de humo y anuncios tintineantes. Doy la vuelta sobre mi mismo, bailo y rebailo, revisitando momentos desde otra perspectiva, de la cual me apropio mientras se me escapa. Son los tiempos que corren y aunque no me veo, entiendo que sigo los términos del tiempo corriendo. Así los objetos parpadean a mi alrededor. Desde el objeto pulsación al objeto horizonte. Me rindo a confrontar miradas, elucidando palomitas en eternas sesiones de cine. Once upon a time in the west mi Deus e o Diabo na Terra do Sol bailando con los lobos ha visto al ultimo de los mohicanos perdido en Nueva York que no es lugar para viejos… es decir… cosas de la edad
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Debajo de la calle caminan mariposas sin alas. Debajo de la calle hierven los ratones, que silvan en consonancia con el ruído de las alcantarillas. Arriba de la calle tacones taconean, neumáticos neumátican, el viento nocturno roza la piel agria de una rama de naranjo de la avenida. Todos estos hechos no fueran hechos. Y sin embargo tampoco esperan ser deshechados. Es tarde y la música que embala estas palabras quiere cser interrumpida por helicóptero, pero en su ausencia, queda la música, que en su excelencia en esencia aproba con la mirada. Casi nada.
Embotellados
Dos hombres sentados, miradas sangrientas. Ninguno de los dos tiene ganas de hablar. Al lado del edificio mucho perjuicio y
sonido de tráfico. Ni ellos mismos quieren hablar de política. Se abandonan a las posibilidades de que el sol hoy no se decida a aparecer. Su día a día parece aburrido. Sus ropas aunque limpias, no les convencen a ellos mismos de su otrora tan considerada función. Fruncen el seño y se enfrentan. Saben que en el momento que tengan que actuar va haber el conflicto de decidir a quién le toca. Su incumbencia una bendición. Su cometido, cambiar el destino de aquel a quién se le ocurra frotar a lámpara. Mientras tanto, su silencio cuestiona si el hecho de que sean dos allí es obra del destino o mera casualidad. Días oscuros para dos genios embotellados.
Hungría
Celebro el día en que el papel creó alas. En que las palabras y el acto en la palabra pudieron plasmarse aquí. Siento como cuando el cine otrora mudo, empezó a hablar. Ni los más correctos ni los más tortuosos podrían esperar tamaña sencillez. Mientras alguien preguntaba “¿Será que el verbo se hizo ropa?” otro alguien caminaba por una carretera llena de barro y recordaba Hungría. ¿Que Hungría?
Borboleta
He encontrado la mariposa en la web. Y ahora la mariposa es el mote del aguarrás, la posesión de la gota. Así mariposeando voy, aunque no me mueva, entre las lagunas de google, el Goliat, por los intrincados senderos de la lectura a través de un monitor. Yo quién soy para reprender a nadie, apenas recomiendo gafas con agujeritos para hacer estiramiento de pupila. No, de pupilos no, de pupila. Y por favor, sin píldora. Nada de dorar la píldora.
