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Están el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo, del cerebro. Está el flujo de coches en una mañana laboral. Están los camiones mal aparcados, descargando víveres. Enjambres de personas discurren disciplinariamente a sus destinos.

Una hoja, impulsada por el viento, flota anónima en la avenida.

El pitido del semáforo. La pausa del almuerzo. Los aviones que esperan pacientemente. Elefantes en su cementerio. Inconscientes de su capacidad de volar.

Mis hermanos cuando pueden corren. Yo en gordo observándoles. Mis mamás están a  la intemperie. Junto con mis nietos.

Paremos todos en una estática orquesta de silencio. Hagamos un tótem de nuestra rebeldía. Seamos capaces de elevar nuestra mirada y adornar nuestra humanidad con el laurel del mérito.

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